30 de noviembre de 2011

Hey hey Vicky

¡Nosotros también coreamos "Hey hey Vicky"!



23 de agosto de 2011

The Walking Dead

The Walking Dead es una serie de cómics guionizada por Robert Kirkman y dibujada por Tony Moore (hasta el número 7) y Charlie Adlard (todos los números posteriores).

Publicada en Estados Unidos de forma mensual, sufre un considerable retraso para llegar kioskos de nuestro país por la sencilla razón de que Planeta DeAgostini aquí los edita en formato tomo de seis números. Algo que a un servidor no le ha afectado, pues he estrenado mi libro digital con la lectura de los más de 85 números publicados, que a los pocos días de salir en los EEUU aparecen por arte de birlibirloque colgados en la red con traducciones medio presentables.

La historia comienza con un policia en coma, Rick Grimes, que despierta en el hospital y descubre que el mundo que conocía ya no existe, y que las calles están plagadas de muertos andantes sedientos de carne fresca. Grimes emprenderá la búsqueda de su familia y de otros supervivientes.


He de reconocer que la serie me ha enganchado. Los primeros números tienen muy presente la figura de los zombis, unos muertos vivientes que siguen los parámetros de zombificación establecidos por el cine de George A. Romero. La lucha directa contra ellos se convierte en el principal atractivo, hasta que la historia comienza a asentarse y los muertos pasan a un segundo plano en favor de las relaciones personales de los supervivientes. Podríamos decir que The walking dead es un culebrón postapocalíptico, hay muchos personajes, les suceden muchas cosas, y no existe una querencia hacia los protagonistas como sucede en la práctica totalidad de historias (donde sólo cascan los secundarios prescindibles y poco más), por lo que Kirkman no tiene reparo en darle matarile hasta al apuntador.

El giro argumental hacia las relaciones personales de unos individuos enfrentados al caos más absoluto hace ganar enteros a la serie y aporta nuevos aires al género, así como permite dar gusto a la vez a los amantes de lo putrefacto y de los cotilleos y dramas familiares.

En verdad, uno de los números más terroríficos no tiene relación con zombi alguno, y es un personaje humano (el gobernador de Woodbury) el que se encarga de ponernos los pelos como escarpias. La frase "el hombre es un lobo para el hombre" está más presente aquí que nunca.

The walking dead es de lo mejorcito que se publica hoy día, esperemos que la serie dure todavía mucho más y que siga sorprendiéndonos como hasta ahora.

En cuanto a la adaptación televisiva, tiene buenos detalles, y modifica parcialmente el argumento (algo que se agradece puesto que supone una novedad para quienes ya hemos leido el cómic), pero peca de algo que en la versión papel es lo mejor que tiene, la serie de tv trata de buscar y explicar el origen de la zombificación. Los personajes del cómic viven en un mundo tan devastado y caótico que no tienen posibilidad de conocer el motivo por el que los muertos se han levantado, mientras que en el capítulo 6 de la adaptación televisiva los personajes ya habían contactado con un científico que investigaba el asunto. Dudo que si un holocausto zombi se cerniese sobre nosotros resultase tan sencillo dar con alguien que puediese darnos alguna respuesta.

18 de agosto de 2011

de caídas, objetivos atascados, y sumergibilidades

Ayer falleció mi cámara de fotos. Una BenQ de 10 mp que me ha dado más de una alegría y más de dos, con la que he realizado 12.688 fotos desde julio de 2008, y que demostraba una inusitada resistencia a los golpes y las caídas, hasta ayer ... Que Joseph Nicéphore Niépce la guarde en su gloria.



Pero a rey muerto rey puesto, y ya he solicitado en mi establecimiento de confianza un nuevo ejemplar resistente a los golpes que alegre mis días. El lunes estará en mi poder, dispuesta para que nada se escape a ser inmortalizado (aunque se encuentre a 3 metros bajo del agua).

17 de agosto de 2011

La conjura de los necios

Una cita de Jonathan Swift, que dice así "Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él", da título a esta obra publicada en el año 1980 y ganadora el premio Pullitzer.

El libro fue escrito por John Kennedy Toole en el año 1962, mientras realizaba su servicio militar en Puerto Rico. Tras remitir el texto a multitud de editoriales todas rechazaron publicarlo porque no trataba de nada en concreto; al poco, Kennedy Toole se suicidó. Su madre encontró el manuscrito años después y repitió el periplo de hijo por las editoriales, hasta que presentó la obra al escritor Walker Percy (autor del prólogo, donde relata toda esta historia) que se maravilló por el excepcional y caústico sentido del humor que la novela desprendía, y movió sus hilos hasta conseguir que fuese finalmente publicada.

Comentada la forma, hay que ir al fondo, y en este caso estamos hablando de una espectacular obra humorística, dotada de un cinismo sin igual en el mundo de la literatura gracias a un personaje: Ignatius J. Reilly, un treintañero egocéntrico, inadaptado social, vago, excéntrico, y totalmente incomprendido por el resto de la sociedad.

Cómo se suele decir, quien quiera saber que se compre un libro, y éste es para comprárselo sin dudar un instante. Ignatius es un verdadero crack, y resulta inusitadamente simpático desde su necedad/genialidad y la inmodestia que lo caracteriza.

El personaje de Ignatius ha pasado a convertirse en referente del humor, y encontramos referencias suyas en infinidad de gags de la serie de televisión "Búscate la vida" (cuyo protagonista es un trasunto de tan carismático personaje), o en las, también muy admiradas por un servidor, viñetas de "Silvio José, el buen parásito" dibujadas por Paco Alcázar en la revista El Jueves.

Clik sobre la viñeta de Silvio José para ampliar.

Así fue la 10 Cata de Cerveza

12 de mayo de 2011

Opinión Onda Cero . Las calles para las personas

Hoy vengo a plantearles una reordenación del tráfico urbano en nuestra ciudad, a ver que opinan ustedes. Espero saber explicarme bien.

Sitúense en el punto donde finaliza la Avda. de Andalucía y comienza Puerta de Aguilar, uséase el punto donde se encontraban los archiconocidos Arcos de Montilla. Colocados en mitad de la calle dirijan su vista hacia la Avda. de Andalucía, comprobarán rápidamente que la calzada se divide en dos carriles, uno para cada sentido de la marcha vehicular. El cruce en el que nos encontramos está regulado por semáforos, de tal forma que si el tráfico en dirección a Puerta Aguilar está rodando, quienes vienen desde la calle de la Parra y Ronda de Curtidores deberán esperar su turno para poder dirigirse hacia al Avenida; y obviamente esta situación se produce a la inversa; por tanto en ningún momento coinciden vehículos moviéndose en ambos sentidos en el cruce.

Mi propuesta es la siguiente: desde nuestro punto en el centro del cruce y con la mirada puesta hacia el ambulatorio eliminaría para el tráfico rodado todo el espacio que actualmente ocupa el carril derecho de la calzada, quedando un único carril transitable en doble sentido, que estaría regulado por los semáforos ya instalados, únicamente habría que desplazar un par de ellos unos 30 metros en dirección hacia el ambulatorio.
Entiendo que esta reordenación del tráfico no sería excesivamente traumática para los conductores, y, aunque a buen seguro todos ustedes se estén preguntado el motivo del plan que les acabo de proponer, probablemente la gran mayoría de conductores lo descartase sin siquiera pararse a valorarlo convenientemente.

Nuestra ciudad no es precisamente ejemplar en lo que se refiere a movilidad, y seguramente todo lo que perjudicase en una muy mínima parte al libre tránsito de vehículos parecería ir en contra de los intereses de la misma; por eso me parece que cuesta tanto tomar medidas en contra del uso del coche o el ciclomotor. Cierto es que en los últimos tiempos se han tomado algunas decisiones bastante acertadas, como la colocación de badenes por doquier o de pasos elevados para los peatones, aunque la mayoría rocen la ilegalidad al superar los 6 centímetros de altura; pero prefiero mil pasos elevados ilegales a un solo coche bajando a 80 por hora la avenida sin respetar los pasos pintados frente al Contreras o el Mercadona.

Estos badenes y pasos elevados defienden las vidas de quienes simplemente quieren cruzar una calle frente a aquellos que con sus bólidos optan por emular las gestas de antaño de Fernando Alonso; y lo hacen aún a riesgo de perjudicar los vehículos, conduzcan de una forma responsable o no (señalar por ejemplo los que han colocado en la Vereda, y que pueden provocar que algún despistado acabe saltando por los aires y aterrice más allá de Monturque).

Bueno, todo esto viene a que el coche lleva años y años siendo el niño mimado de nuestras calles, y que ya va siendo hora de que sean las personas quienes vuelvan a tomar lo que es suyo. Palabrejas como sostenibilidad, accesibilidad, etc, se han puesto muy de moda en los últimos tiempos, pero todavía resultan tan vacías en su aplicación práctica que me da la risa sólo de usarlas en la misma frase que peatón y Montilla.


La imagen está capturada de Google Maps, y no está actualizada. Imagínense la acera que se ve repleta de mesas y sillas para acercarse a su actual situación.

Y a todo esto, me preguntarán a qué venía mi propuesta inicial para reducir a un carril el tránsito rodado en los metros finales de la Avda. de Andalucía. Pues la respuesta es tan sencilla como obvia, ocuparía el otro carril con las terrazas de los bares de tal forma que, para unas aceras amplias que hay en Montilla, puedan volver a ser transitadas por los peatones de una forma óptima y segura.
Las terrazas que proliferan por toda nuestra ciudad permiten localizar en las aceras que bordean el citado cruce el mayor despropósito en lo que se refiere a accesibilidad que se ha podido ver en años, reduciendo a un metro escaso el paso en ambos sentidos para los peatones que circulan por la acera.
Mi propuesta inicial únicamente conllevaba el gasto del cambio de lugar de un par de semáforos, pero de no llevarse a cabo, será inevitable la instalación de unas nuevas señales luminosas colocadas en la acera para regular el paso de las personas. No se si han probado a pasar por allí con una silla de ruedas o un cochecito de bebé, pero es realmente necesaria una señal que indique al menos la preferencia de paso para evitar mayores embotellamientos.
La opción de colocar señales para regular el paso entre las mesas de las terrazas la había descartado un servidor desde el principio por la sencilla razón de que implicaría colocar más obstáculos en los ya de por sí pequeños lugares de paso de personas.
Por alguna extraña razón, cuando se ponen farolas nuevas en nuestras calles no hay reparo en colocarlas justo en mitad de la acera, lo mismo ocurre con los arbolitos, paradas de autobús, señales de tráfico, cuadros de luz, contenedores soterrados, etc. Todo se coloca de tal forma que el paseo peatonal parece más una gymkana que una acera. Muy pocas farolas y señales se sitúan justo en el bordillo o en el espacio de aparcamiento (sospecho que para evitar que los coches las bollen o molestar al que va a aparcar), pero sí que no hay miedo en situarlas justo en centro de una acera que no mide más de un metro de ancho. Ejemplos los hay a miles, no creo que tenga que ponerme a recitarlos aquí porque a buen seguro todos ustedes se toparán con ellos a cada metro de paseo que den por nuestras calles.
En definitiva, ahí queda mi propuesta. Confío en que si no se acaba llevando a cabo al menos el responsable de otorgar los permisos a las terrazas de los bares tenga un dedo de frente la próxima vez para no dejar que una acera de más de 5 metros de ancho se vea reducida a menos de uno perjudicando el libre tránsito de personas.

12 de abril de 2011

Droquería for everybody

Nota mental:
Dar de lado a este sitio el día que necesite comprar un traductor de Chino-Español.